Las cosas que yo quería nunca fueron escuchadas. Y yo quise tantas cosas...
Las cosas que yo quería se fueron diluyendo, y hoy me acuerdo de ellas al masturbarme y llorar. Porque yo quise formar una familia, y me doy cuenta de eso al sentir que el momento más sexy de todos fue aquél en el te pedí que te corrieras dentro y tú lo hiciste.
Aquellos momentos pudieron haber sido tanto y acabaron siendo tan poco... hoy sólo una bruma que me viene a la mente cuando mi cuerpo deja por un momento el límite físico y sobrevuela la habitación.
En aquellos momentos fui feliz y me doy cuenta, por ello, de que el deseo sólo tiene espacio cuando hay felicidad, tranquilidad y comprensión; si tú me dejas errar entonces yo no tendré miedo a equivocarme y podré intentar quererte como debí querer a quien un día deseé que fuera el padre de mis hijos.
Deberíamos tener menos miedo a ser insoportables, de verdad insoportables, a no saber qué queremos, a no desear nada o a desearlo todo. A sentirnos muy perdidos y hacer las cosas mal y que nadie nos perdone. A andar rompiendo cosas que no puedan repararse. A amar con devoción o a sentirnos vacíos. A follar con toda el alma o a morirnos de asco. A estar muy confundidos, a no querer claudicar y también a decir basta. En general, deberíamos tener menos miedo.
Ciento veinticuatro huecos, Begoña Méndez.
//, las etapas se suceden, como llevan haciéndolo desde el nacimiento de todo. Y ahora toca despedirse de esta maravillosa tierra, que ha sido mi casa durante varios años. Gracias por tanto, Huesca 💜//