domingo, 7 de diciembre de 2014

..mi felicidad y mi tristeza son mías (sobre verdades absolutas).

La inteligencia emocional es algo sorprendente, algo muy necesario en nuestra vida y, por desgracia, algo a lo que dedicamos muy poco tiempo. Más inteligencia es más capacidad, pero dejemos atrás el concepto que relaciona presencia de inteligencia con valor positivo y falta de ella con estupidez. Para hablar de inteligencia emocional tenemos que relativizar el término.

La carrera social que se genera en torno a la inteligencia racional en la que trabajarla y almacenarla es lo más importante, es una irracionalidad en sí misma. De nada nos vale dedicar años de nuestro tiempo a alabar este tesoro cuando nos vemos desbordados por no poder afrontar un problema emocional, controlar nuestras propias emociones, expresarnos con propiedad, o transmitir un deseo a otra persona.¿Qué más da lo sepamos si no sabemos empatizar con nuestro cliente o hacerle sentir a un amigo que estás a su lado cuando te necesita? En ese momento te has convertido en una máquina, que genera ideas racionales con éxito pero que no sabe reconocer que su manera de hablar es irritante para alguien o que tiene una forma de hablar que provoca antipatía.

Es un grave error no formar a nuestra sociedad en el camino de la inteligencia emocional. Conseguir que un niño sea empático, sepa si está siendo inapropiado en una situación, o que pueda aceptar críticas, hace adultos maduros, consecuentes, y que duermen tranquilos todas las noches.

Yo no me avergüenzo de expresar lo que siento. Si el comportamiento de una persona me hace sentir mal, siento que hacérselo ver es la mejor opción. ¿Cómo puede esa persona enfadarse conmigo por ello? De boca de esa persona escucho justificaciones del tipo "me siento criticado", "yo soy así y quien me quiera me debe aceptar así", "eres una exagerada", o "tienes una perspectiva errónea de lo que quiero decir". No aceptarlo, negarlo, o incluso echarte en cara sentirte así es una cobardía.

No existe nada más real que un propio sentimiento. Si yo estoy feliz no es algo subjetivo. Es mi propia felicidad, y nadie sabe reconocerlo con más certeza que yo mismo. Es el sentimiento más puro y real que puede existir, y no es comparable. ¿Cómo me puede negar alguien que no me está sentando mal un hecho o que no me entero de mi propia circunstancia? Nadie puede comparar ese sentimiento tuyo, vivido por ti mismo en esa situación, con su perspectiva de ti o su análisis ajeno a tu propia vivencia. Es una locura que una persona pueda sentir tu pena o tu alegría mejor que tú mismo, o dudar de lo que tú sientes.¡Qué insensatez y qué descaro!


Niños bañándose de Sorolla. La infancia como muestrario de sensaciones verdaderas y máximas.

Vive, siente, conócete. Ponle nombre a lo que te sienta bien y a lo que sienta mal. Marca tu límite con eso que no te gusta. Hazle saber a esas personas que tienen un comportamiento inadecuado contigo que eso te hace sentir mal. Si se enfadan por esa "crítica" tuya dales tiempo. Si siguen actuando igual, deja que se vayan de tu vida. No tenemos ninguna necesidad ni obligación de tener a gente en nuestra parcela que nos hace sentir mal. Si esas personas se disculpan, acceden a dialogar, a saber qué es lo que te perturba, a buscar un punto en común, es que están interesadas en mantener tu amistad. Cualquier otra actitud, a la defensiva, con enfado de por medio, atacante, es parte de una manipulación, que no está en tu alcance solucionar. Nadie puede cambiarte a ti y tú no puedes cambiar a nadie. Del mismo modo tú no vas a cambiar por nadie. Así que toma las riendas de tu vida, que nadie lo va a hacer por ti mejor.

Cada persona debe lidiar con sus problemas y con su propia inteligencia emocional.

//, sol de invierno, que vuelves año tras año. 
Gotas de lluvia sobre mi ventana. 
Y entre el vaho estás tú. Feliz otoño de 2014//

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