domingo, 18 de octubre de 2026

.. aquellos hombres insoportables

Después de la clase de fotografía me quedé hablando con la profesora. Es una chica de aproximadamente mi edad. Le mostré mi agradecimiento por su paciencia, y me interesé por cómo gestiona la situación que parece repetirse en el aula. 

Somos un grupo poco numeroso, y en su mayoría lo componen hombres de edad prejubilación. Es un perfil que llevo observando que integran la mayor parte de estos grupos de actividades culturales populares, en aquéllos donde no son las mujeres las únicas componentes, como ocurre en los grupos de actividades físicas o clubes de lectura. Fotografía, pintura, escritura, restauración de muebles...

 La cuestión es que estos señores son boicoteadores profesionales: se dedican la mayor parte del tiempo a hablar cuando intenta hablar ella, a matizar sus explicaciones, a iniciar un debate sobre las actividades que nos encomienda hacer. Y ella, según avanza la clase, observo cómo va agotándose de sobre explicar, de repetir, de pedir silencio. 

El último día interrumpí yo cuando estaba secuestrando la explicación uno de ellos con comentarios graciosos y pronuncié: basta ya, esto parece una clase de parvulario. 

Se callaron momentáneamente, pero no les disuadió de retomar el comportamiento infantiloide con el que nos venían deleitando las pocas sesiones que, por ahora, habíamos tenido. 

Ella me explicó que ya el año anterior, estos mismos señores supusieron un infierno para ella, hasta el punto de querer renunciar a seguir impartiendo las clases, pero que por petición de la organización finalizó el curso. Su sorpresa fue cuando los vio aparecer nuevamente en el curso actual. 

"Estos hombres no van a cambiar, son así." 

Llevan siendo así 50, 60 años. No consideran que ninguna mujer, y menos joven, tenga nada que enseñarles. Están pasados de rosca, están tan ensimismados en su historia que piensan que esa historia tiene el mismo interés para los demás del que lo tienen para sí mismos. A mí me horripilan, a ella también.

"Deja de explicarles cuando entren en bucle. Trátales como niños. Diles, estupendo, Manolito, y sigue con la clase, pero por encima de todo no te quemes tú. No te lo mereces. Y si necesitas que yo intervenga, lo haré". Ese fue nuestro intercambio , nuestro pacto tácito. Ella me lo agradeció, y yo me compadecí de su cansancio. 

No hay esperanza por un cambio entre las generaciones que se han educado sintiendo que ellos están por encima. Estos hombres morirán, y así se conseguirá ir cambiando las cosas, matando la hierba podrida y dejando que nazcan nuevos brotes, mucho más verdes que los anteriores.

Love me tender, Anna Cazenave Cambet. 2025.

 //, volver a moverme o quedarme donde estoy. Esa es la cuestión. Llevo meses deseando que saliera el concurso para irme de esta ciudad y, de repente, sale, y siento que no hay mejor destino que éste en el que ahora estoy. No me lo puedo creer. 
Ir a Madrid sería engancharme otra vez al trabajo. Sería un trabajo que me encantaría, pero... Madrid sigue siendo Madrid... incluso peor. Quizás no tomar ninguna decisión es la mejor decisión, a veces. 
Feliz otoño//

sábado, 28 de marzo de 2026

.. la casa

La casa debió ser el lugar seguro.

Atesoré esa ilusión durante meses, y tuve que dejarlo marchar, como se fueron muchas ilusiones que cuidaba y acicalaba, pero que nunca llegarían a materializarse. 

Dejé ir nuestros muebles, comprados para que encajara el carrito del bebé en la entrada, sobre la alfombra bonita y junto al almacén de zapatos, con sus cojines encima para sentarte mientras te atabas los cordones.

Dejé ir las cuerdas de escalda, que compramos para gastarlas y romperlas juntos, aquéllas que nos llevarían a descubrir paredes que nos comprometieran y nos enfrentaran con nuestros propios miedos. Íbamos a ayudarnos a superar esos miedos en compañía.

Dejé ir los nombres de nuestros hijos. Habíamos acordado que Acher iba a ser el mayor y Macarena la pequeña, y yo ya lo tenía integrado. Tú considerabas que Macarena iba a ser una "mini Teresa" y Acher cuidaría de ella.

Dejé ir la pesadez que me producían los compromisos familiares y de tu cuadrilla. Estaba bien, esos momentos tenían que tener su espacio y yo lo asumía, con estoicidad y madurez. 

Dejé ir tu ilusión porque yo aprendiera a esquiar para ir contigo a la montaña y disfrutara de "el deporte por excelencia". Nunca me verías esquiando, porque yo lo conseguí después de todo, pero fue todo después de ti.

Pero también dejé ir los celos que te producían mis historias pasadas con otros chicos. Y cómo brotaban esos celos en cualquier otro momento, en un festival de música, tomando un vino tras una exposición, en una salida de ruta con un grupo... Tus celos nunca eran el problema, sino que era yo, porque era quien te los avivaba.

Dejé ir una parte de mí, y despedirme de eso fue lo más doloroso. Dejar nuestra casa también era dejar mi casa y dejar atrás esa historia. Aceptar esa pérdida me acompañaría durante años, y formaría una cicatriz que hoy me conecta con la nostalgia y me ayuda a acordarme del sentido último de una ilusión: desear que tu vida sea diferente, mejor, en todos sus aspectos.  

Pero la realidad es que esa casa nunca fue mi lugar seguro. Aquello no era más que el campo de batalla, una batalla que se estaba fraguando y en la que todos nos íbamos preparando para iniciarla cuando ondearan las banderas.

Sentimental Value, Joachim Trier. 2025

 //, los fines de semana se han convertido en mi lugar seguro. 
Conducir un coche durante horas, subirme a una pared y dejar ir: observar el silencio, el aire fresco sobre mi cara y los primeros rayos de sol sobre la piel, regalo después de un invierno agotador. 
Feliz primavera //

sábado, 1 de noviembre de 2025

.. te deseo lo neutro

Te deseo lo neutro, porque estoy cansada de haberte pensado bien, de haberte deseado el bien, de querer que fueras feliz aunque yo fuera una desgraciada, aunque tú me hicieras una desgraciada. 

Te deseo lo neutro, porque me he cargado con la culpa y la vergüenza por tenerte rabia, por necesitar compartir mi enfado, mi tristeza, mi frustración, mi ansiedad, mi agotamiento... porque era más importante preservar tu paz interior en detrimento de mi ruina y mi destrucción interna, hasta terminar roída por dentro. 

Te deseo lo neutro porque tu imagen se ha ido desdibujando, y ya no recuerdo tu cara con nitidez, ni la fricción de tu mano sobre la mía, ni el tono de tu voz. El concepto que tenía de ti se ha desvanecido, y ahora ni si quiera se me hacen cercanos los motes que te tenía cuando estábamos en la intimidad, nunca en el supermercado o en lugares públicos.   

Te deseo lo neutro, porque ya no tengo ni fuerzas ni ganas de desearte el mal. Ni esas migajas quedan. 

Te deseo lo neutro porque es lo que único que ahora me define: la indiferencia, la consistencia, la linealidad, el desapego; languidecer de desánimo por días que se hacen eternos sin emoción ni aventura, por la rutina, por las obligaciones, las responsabilidades, las certidumbres y los previstos. 

Porque tú te llevaste mi emocionalidad, mi entusiasmo, mi fuego, mi intensidad... y ahora pienso que no podré volver a querer, a desear, a sobrecogerme por otra persona. Sólo un rayo de sol sobre mi cara en una mañana de invierno puede alterarme y, por eso, sólo puedo desearte ya lo neutro.    

Sasha Gordon

 //, //

sábado, 11 de octubre de 2025

.. decidí alejarte de mi vida

Recibí su mensaje. Me provocó incomodidad. Decido no responder porque priorizo mi bienestar. Cierro esta puerta.

A veces es difícil quedarse con lo bueno de una relación. A veces, y aunque pase el tiempo, no es posible. Creo que el tiempo, efectivamente, pone todo en su lugar; pero que ponga las cosas en su lugar no quiere decir que las coloque en el espacio en el que queremos que las sitúe.  A veces se recolocan con desorden, encontrando un lugar en el que "parece" que encajan, como los tendones de mi tobillo cuando no se curaron los esguinces. Y cuando llega ese momento, con distancia, aprecias que el daño que te produjo cómo se desarrollaron los últimos acontecimientos es mayor que la gracia de las cosas bonitas compartidas. 

Me he empeñado con tesón en intentar quedarme con una buena imagen de esa persona y de esa etapa, pero no lo he conseguido. Quizás es que no se puede porque no fue bueno para mí. Porque somos personas complejas formadas por capas, y esa última capa que me dejó conocer de él es la que hoy arroja sombra sobre todas las demás. 

Mi padre, el día que llegué a casa destrozada y hecha un trapo, me dijo: sólo espero que no hayáis traspasado límites, que no os hayáis faltado el respeto. 

Me entristeció y avergonzó saber que sí, que cruzamos todas las líneas. Pero hoy siento que eso mostró lo que necesitaba ver para coger el impulso de alejarme en ese momento. Me fui de allí. Abandoné la casa compartida y la ciudad que nos unió. Hoy estoy en otro lugar, y desde aquí tomo cada día la decisión, esta vez, de alejarle a él de mi vida, de establecer un límite robusto que no le permita entrar en ella y satelitar mi día a día.  Y puedo decir que hoy, esa persona, ya no forma parte de mi existencia. No es lo que me hubiera gustado ni lo que nunca me imaginé que ocurriría, pero las cosas a veces simplemente son, existen, sin razones ni argumentos. 

Me sigue doliendo, cada día. Cada día un poco menos, pero cada día coexisto con ese dolor. Creo que incluso empiezo a ser amiga de ese dolor, a no tenerle miedo a sentirlo, a dejarle que me atraviese y se quede un rato conmigo, mientras veo una película. Quiere quedarse un rato, quiere que llore un poco, quiere que los recuerdos vuelvan a mí y me acongoje. Bueno, es así. Convivo con eso como si fuera una espinita que no he sido capaz de retirar y que ha formado cayo, y paso mi lengua y compruebo que sigue ahí. Ya no me duele igual, sino que me acompaña y me recuerda que lo más valioso fueron las decisiones que tomé: esas que me hacen sostener el tronco hasta que la tormenta pase, para que, cuando salga el sol, pueda cuidar de ese árbol que me dará sombra algún día.

España Oculta. Cristina García Rodero, 1975-1988

 //, hay días y días. Hay días que me cuesta la vida mantener el ánimo cálido. Soy paciente y albergo el deseo de que pase el tiempo y vengan tiempos mejores. Feliz otoño//


domingo, 31 de agosto de 2025

.. todo lo que te molestaba de mí

A JM le molestaba que yo tomase lino por las mañanas, con el café. Particularmente le molestaba encontrar alguna de esas semillas incrustada en las paredes de la taza del desayuno. 

Con él ahora me doy cuenta de que siempre sentí que yo estaba de más, que sobraba. Es significativo el gran número de cuestiones que le hacían sentirse incómodo con mi presencia, y que me dispongo a enumerar, si mi memoria me permite, o al menos alguna de ellas:

- Le molestaba que dejara la alcachofa de la ducha abajo, apoyada sobre el grifo. Él siempre la había colocado en el aplique de arriba, el que a mí no me gustaba usar porque me mojaba el pelo cuando me duchaba, y que para él siendo calvo le era irrelevante, pues lavarse la cabeza era lo mismo que lavarse la cara o el sobaco.

- Odiaba que dejara la persiana un poco levantada para dormir. Para él las persianas debían llegar abajo del hueco de la ventana, sumiendo en total oscuridad la habitación, cuestión que a mí me agobiaba particularmente. Spoiler: acabamos durmiendo así e incluso llegué a acostumbrarme a ello. Post-spoiler: ahora ya he conseguido retomar mi rutina de dormir con algo de luz y despertarme de forma natural por el primer haz de luz de la mañana.

- No quería que modificara la distribución de los muebles, especialmente en el salón. Esta cuestión en concreto entrañaba un problema por razón de la distancia del sofá a la televisión, pues para mí creaba una sensación de vacío en toda la estancia, con tanto hueco sin ocupar. Me gusta sentir proporcionalidad en la distribución del espacio. No cedió. No era algo debatible. Eso había estado así siempre y así debía quedarse.

Y aún más cosas, sin explicación aparente: 

- Le molestaba que no me lavara los dientes durante 3 minutos, que era el tiempo mínimo que su cepillo electrónico consideraba el correcto (sonaba un pitido cuando llegaba a ese umbral de tiempo, y eso suponía, para él, el visto bueno y la señal para parar).

- Odiaba que no me secara los hombros al salir de la ducha. A él le gustaba usar albornoz, a mí toalla. Además, toalla de esas que no son grandes, que te las enrollas bajo los brazos y sólo te tapa el pecho y hasta las rodillas. Lo entiendo: yo salía de la ducha y directamente me embutía en mi toalla, y de ahí me iba a la habitación a vestirme. En ese impás, cuando él se topaba conmigo por el pasillo y veía las gotas de mis hombros y sobre la parte alta de mi espalda, le ardía que no me importara no secar todo mi cuerpo.   

 - ...

En fin. Es curioso sentirme secuestrada por mi interés por encajar en su vida. Había ocurrido anteriormente con otras parejas. Sí, es cierto. Quizás era un patrón que yo acababa repitiendo. Siento que he permitido que violasen mi intimidad; que me violasen en mis momentos más vulnerables. 

Yo te dejé hacer uso de mí en esos momentos. Yo fui quien te lo permitió. Me he castigado por ello; tranquilo, me hago cargo. Quizás eso acaba justificando mi tendencia a autodestruirme fumando como un expresidiario en una planta petrolífera en mitad del Pacífico. 

Decía Marguerite Duras, “amar es encontrar en el otro una parte de uno que no sabíamos que existía”. Matizo: intenta que lo que encuentres sea algo que te merezca la pena destapar, no vaya a ser que, una vez abierto el baúl, la mierda saliendo a borbotones te impida volver a cerrarlo con dignidad.  

         Podrías hacer de esto algo bonito, Maggie Smith, 2024.

 //, recurrir a mis autoras de cabecera es lo más enriquecedor y pacífico que he conocido hasta ahora. Adoro la belleza expuesta sobre el altar que construyen en medio de la miseria que les ha dejado relacionarse con esos hombres patéticos y enfermos de miedo por ser abandonados o ser considerados de menos. El miedo es la peor emoción que puede invocar la persona con la que decides establecerte en una relación. Tenlo presente y toma mejores decisiones la próxima vez. Feliz fin del verano.//